domingo, 25 de agosto de 2013

24HM (III)

24 HORAS EN MEKI - PARTE III de VIII

Ha ido bien durante la mañana con los mayores. Abandono la clase para dirigirme a Primaria, recibiendo una calurosa despedida de los alumnos. Al respirar el aire del patio, me percato de lo cargado que está el aire dentro del aula, saturado de humanidad, algo consecuente de la cantidad de gente concurriendo en el mismo espacio semicerrado. En tercero curso hay menos alumnos y son más pequeñines, así que no debo padecer por la atmósfera del lugar.

Al entrar en clase, se repite la ceremonia de bienvenida. Ellos incluso entonan una pequeña tonadilla a capella, el “Good Morning Teacher”. Sus sonrisas van de oreja a oreja, y sus ojos permanecen muy abiertos. Diría que están encantados de mi presencia allí, sin haber hecho nada todavía. Hay cosas que cuestan menos de ver que que te las digan. 


Con los pequeños es más apreciable el simpático fenómeno de las estrafalarias vestimentas. Es un hecho que el 80% de las familias no podrá siquiera elegir sus indumentarias comprándolas en el mercado, de modo que muchos niños visten con la ropa que el colegio les habrá podido hacer llegar mediante donaciones de voluntarios, etc. Así pues, es frecuente ver niños vestidos con americanas y zapatos de vestir, con combinaciones estrambóticas de camisas y pantalones, o con vestidos y complementos descontextualizados, fruto de esta circunstancia. En los mayores se observa menos, ya que, por un lado, posiblemente ya tiene cierta importancia, para un adolescente, un ligero sentido de la estética, y por otro lado, en general las familias dedican más recursos a los miembros más mayores que a los más jóvenes.

Son las 6.40 h en Meki, las 12.40 h para entendernos. Una sirena para las clases de los mayores, y su réplica en forma de gong sobre un artilugio metálico cóncavo para los pequeños, anuncian el final de la jornada lectiva. Abandono la clase entre la sonrisa de los pequeños, y cruzo el patio con olor a hierbabuena como un profeta, como un Mesías al que todos los niños quieren tocar para despedirse, dirigirle una mirada de complicidad o robarle un segundo de predilección. Preguntan: “You! You! What’s your name?” como forma de entablar conversación, como quién diría “¡Hola! ¿Qué tal?”. Infinitas veces repetí mi nombre ante aquellos curiosos muchachos que lo recibían y lo repetían con extrañeza, tratando de asimilar el fonema /J/ tan foráneo para ellos. Desde la puerta del colegio, resuelvo de nuevo el laberinto de charcos y boñigas, para regresar al compound en apenas un minuto.

(Continuará) 


No hay comentarios: