domingo, 12 de septiembre de 2010

Manhattan

"I wanna wake up in the city that never sleeps", cantaba Frank Sinatra.


Manhattan es un gigante plató de cine en el que todos son actores que interpretan perfectamente los estereotipos que todos, a traves de tantas películas, conocemos, y uno duda si la idiosincrasia de la ciudad se llevó al espectáculo, o el espectáculo trajo esa idiosincrasia a la ciudad.

Y es que a uno también le asalta la duda de si no vive en el sitio equivocado, porque Manhattan te hace creer que todo ha sucedido allí. Si pasas por delante del 1120 de la 5ª avenida y piensas que puedes llamar al timbre a Woody Allen, si sabes que en Broadway con la 3ª, justo a los pies del Flatiron, a Marilyn se le levantó la falda, si Yoko Ono te cuenta que a los pies del Dakota asesinaron a Lennon y desde entonces pasea sola por Strawberry Fields, si imaginas que Spielbierg concibió Jurassic Park en el Museo de Historia Natural, si adivinas a Luther King dirigiéndosa a un millón de afroamericanos desde el Great Lawn, si pasas por delante de la Estatua de la Libertad como decenas de millones de inmigrantes, si pagas como holandés 24 $ por la isla, si subes al Empire State y te acuerdas de King Kong o de Tom Hanks y Meg Ryan, si compras acciones en Wall Street, o si se te caen las Torres Gemelas a los pies...

...es cuando casi llegas a pensar que Manhattan es el centro de todo, y que todo lo importante tiene que suceder allí.


Ser taxista es un deporte de riesgo. Ser mendigo es un trabajo digno. Ser famoso, una circunstancia vulgar. Ser excéntrico, una mera imposición de la ciudad. La acera arde, el gentío se desplaza cual marabunta, el neón y las luces te obnubilan. Todos tienen prisa, todos quieren venderte algo, todos son tus amigos hasta que no consiguen de ti lo que quieren. Pero después, te adentras en Central Park, y no recuerdas que te rodean 8 millones de personas en 60 km cuadrados.

Manhattan. El centro de todo. El gran teatro. La Gran Manzana.

Silencio. Se rueda.