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viernes, 24 de marzo de 2017

Ser, hacer, tener, amor y azar

Después de 9 años de actividad – más bien interrumpida – y de un largo periodo de mutismo, El bosón de Higgs resucita, aunque para marcharse y dejar paso a nuevos e inminentes proyectos personales que vienen gestándose lentamente desde hace tiempo.

Pese a todo, se despide con un post para el que me ha costado mucho, mucho, mucho tiempo reunir la valentía necesaria para escribir sobre ello, y quizá no me hubiese decidido finalmente si no hubiese dado – supongo que no por casualidad – con este fantástico artículo de Marina Díaz de www.psicosupervivencia.com, que creo que es lo mejor, con diferencia, que he podido leer al respecto en mucho tiempo.

Esto va sobre la soltería y la búsqueda de pareja.

Y lo que pretende es romper el tabú que existe sobre el poder sentir y decir que, a una cierta edad – ya tengo 33 –, y con el tiempo cada vez más, la soltería no deseada deja de ser divertida y las dificultades para encontrar una compañera de viaje son frustrantes y, a menudo, dolorosas.



SER, HACER, TENER (Y ENTRETANTO, EXPERIMENTAR)

Llevo casi 4 años sin pareja estable, y desde luego lo que no he hecho en este tiempo es quedarme parado para ver si el destino tenía a bien plantármela en los morros. Absolutamente todo lo contrario. Así que por esas no hay excusa. Creo profundamente en el trinomio “ser, hacer, tener”, de modo que en estos años he tomado parte en actividades y cursos que se han conectado íntimamente con mi ser – véase un curso de Coaching, teatro de improvisación, mi voluntariado, etc. – y donde las posibilidades de conocer a una persona compatible son, si no altas, al menos mayores que en un pub cualquier noche.


Foto: 3, 2, 1... ¡IMPRO!

Juro aquí con la mano derecha en el corazón que participar de estas actividades nunca ha perseguido ni directa ni indirectamente la búsqueda de pareja, pero estaréis de acuerdo que podría haberla encaminado. Y siendo sinceros, eh… ¡funcionó! Una de estas actividades me permitió conocer una chica con la que tuve un romance de 6 meses. E incluso la llegué a querer, pero nunca se lo dije. Ella no llegó a enamorarse de mí, y cuando le puse las cartas encima de la mesa, no quiso cogerlas.

Algo muy interesante que este periodo de soltería me ha permitido hacer es explorar las nuevas aplicaciones de ligoteo y páginas de búsqueda de pareja, con una predisposición algo así como entre “a ver si pillo cacho” y “qué curioso lo que sucede por aquí”. Y, de nuevo, siendo sinceros, eh… ¡funcionó también! Bueno, ya puedo contar que tengo un máster en historietas divertidas y noches surrealistas fruto de los encuentros casuales que he conseguido establecer a través de estos mecanismos. Aunque tampoco me han reportado nada estable.

Así que, bueno, resumiendo… ¡hice mis deberes diligentemente! De modo que es legítimo confesar que ya hace tiempo que me hastía tener que “swipe right” 100 fotos del Tinder para conseguir 1 match, y que de cada 5 matches, sólo una tía te mantenga una conversación, en la que además me esfuerzo en que sea interesante  - o, si acaso, diferente de las 50 que le habrán abierto el resto de tíos -, conversación que se detendrá en el momento que yo me quede callado y espere a ver si ella toma la iniciativa. También es honesto aquí decir que los ratios han empeorado desde que llegué a Múnich, y que en Valencia me iba la cosa mejor.

También considero legítimo confesar que también me hastía lo relativamente difícil que resulta hablar con una chica en una discoteca sin que te perdone la vida por ello o sin que el estigma social le haga creer que lo único que quiero es camelármela para acostarme con ella.

Qué queréis que os diga… Estoy cansado de ello.


LA VALIDACIÓN SOCIAL DE ESTAR EN PAREJA

En una realidad donde el estar emparejado supone una importante fuente de validación social, es difícil ser un soltero por vocación. Cuando me refiero a “validación social”, me estoy refiriendo a todos los intangibles relacionados con cómo te tratan y ven tus amigos y/o la sociedad cuando estás soltero a diferencia de cuando estás en pareja.

Vamos a lo primero. Es un hecho constatable que los mismos amigos (emparejados) te llamarán con mucha más frecuencia cuando tengas pareja para unirte a su plan, por sideral o aburrido que sea, pero cuando estés soltero te quedaras sin acceso a más de la mitad de estos planes, sólo por el hecho de que no te acompaña una persona. Y mira que debería prevalecer la amistad sobre el hecho de tener o no pareja. ¡Está bien! ¡No lo juzgo! Tiene toda la lógica del mundo. Simplemente, me damnifica, y no puedo hacer nada contra ello.

Y ahora a lo segundo. No sabéis las veces que le abordan a uno los amigos – emparejados, obviamente – para decirle: “¡Venga, hombre! Métele fichas a esa, que está ahí sola”; o “¿Qué? ¿Te llevas la guitarrita para ver si mojas las bragas de alguna?”.

Hace poco estuve visitando a una amiga durante un fin de semana. Nos gusta tocar la guitarra y cantar, así que dedicamos gran parte del tiempo a ello. 

Me llamó la atención y me disgustó la percepción que ella, por sus comentarios, parecía que se había formado de mí, la cual, por seguirle el juego y entender que tenía parte de broma, no me molesté en desmontar. No me gustó ser en sus ojos un personaje mojabragas-con-guitarra-que-va-de-ligón-y-profundo-porque-también-le-gusta-escribir. Pero así es como me percibía.


Foto: mojabragas-con-guitarra-que-va-de-ligón-y-profundo-porque-también-le-gusta-escribir.

Diría que la sensación se puede describir de la siguiente manera: parece que cuando uno está soltero, cualquier contacto con una chica se ve externamente como un intento de ganarse la simpatía y la atención de ésta - un intento de ligársela, vamos -, y cualquier actividad desarrollada fuera de la rutina esté destinada a aumentar el valor de uno dentro del hostil mercado de los solteros. Parece que al soltero le deja de ser posible interactuar con chicas por el mero placer de la interacción, ni tampoco puede dedicarse al cultivo de su cuerpo, mente y alma, sin que haya un halo de juicio sobre él y sobre el dudoso fin último de sus actos.


POR QUÉ DESEAR UNA PAREJA

Uno se acuerda muy mucho de lo soltero que está cuando llega el alquiler mensual y tiene que aflojar la tajada solo, las tardes de domingo esas en que no hay nada que hacer, cuando tienes un mal día y necesitas la compañía de alguien, o cuando ha pasado ya un tiempo de la última vez que tuviste sexo, y quisieras disfrutar del derecho a tenerlo regularmente.

Pero esos no pueden ser los únicos motivos, obviamente, por el que uno quiera tener pareja. Ni siquiera la presión social que se siente cuando tienes una edad en la que casi todos tus amigos están emparejados, casándose, teniendo hijos y comprándose pisos.

Y mira que soy perfectamente consciente que estar en pareja no le redime a uno de tener momentos buenos y malos, y nuevos problemas le esperan a uno a la vuelta de la esquina.

Se trata simplemente de que muchos de los planes que tengo para mi vida pasan por experimentarlos y disfrutarlos con una persona al lado. Que hay un mundo de autoconocimiento y crecimiento personal por descubrir cuando se está en pareja, y quiero conocer todo lo que puede abarcar el mío. Que quiero sacar el foco del ‘yo’ y ponerlo en el ‘nosotros’, y quiero experimentar los conflictos y las resoluciones de pareja para madurar emocionalmente. Que quiero corresponder a alguien, y ser correspondido. Que quiero jugar a uno de los juegos más complicados de la vida moderna: estar con una persona, y hacer que cada día cuente y que se revalide el amor cada mañana. Que quiero trascender a través de mi descendencia con ella, y que quiero que mis padres vivan para verlo.


DE AQUELLOS BARROS... NO, NO VIENEN ESTOS LODOS

Le he dado veinte mil vueltas al asunto. “¿Qué estoy haciendo mal?” “¿Por qué no doy con la persona adecuada, y los demás sí?” “¿Es que soy demasiado exigente?”. Pero, dejando a un lado el hecho cierto de que cuanto más mayor se hace uno, menos cosas le valen, también como resultante de conocerse mejor y saber lo que uno quiere en su relación, he concluido que la respuesta es… ¡NADA!. Que no estoy haciendo de ningún modo nada mal, a excepción de que cada vez que conozco una chica que me interesa y siento cierta reciprocidad, me pueda costar controlar mis emociones que me acribillan con la pregunta: “¿será esta? ¿será esta? ¿será esta?". Algo de lo más humano y natural.

De modo que he concluido que todo es fruto del azar. De esa gran parte de azar que tiene la vida y el amor, por formar parte de ella, también. Por el mismo argumento que si dibujamos una campana de Gauss y analizamos, de todas las personas que han llevado una vida saludable, cómo la mayoría han fallecido alrededor de los 80 años, otras a los 60, y unos pocos han durado 40 años y otros poquitos 100, por el mismo azaroso argumento me está costando más que a los demás que lo buscan y lo desean igual que yo, e incluso que los que lo desearon menos. Es decir, porque estadísticamente, hay gente a la que le tiene que costar.

Posiblemente sea lo que peor llevo estando sin pareja el hecho de que mi subconsciente mantiene constantemente un pilotito encendido en rojo, en estado de alarma, como recordatorio de que muy adentro del cerebro continúa ejecutándose la aplicación “búsqueda de pareja” que consume una burrada de recursos del sistema sin que casi te des cuenta. Y lo que considero más preocupante es que, al igual que un día decidí que dejaba España y me iba a trabajar fuera, para lo cual tuve en todo momento un plan en mi cabeza de qué hacer, cómo, y en qué momento, en cambio, para lograr apagar el pilotito no dispongo ni de la más remota estrategia y siento que estoy al más puro antojo y capricho del azar.


LA ACTITUD: NO HA SIDO PREMIADO, PERO SIGA RASCANDO

Hasta el momento en que se obre la magia y la flecha de cupido impacte sobre mi espalda, sólo queda esperar y sacarle el mejor partido a la etapa de soltería. Esperar con paciencia de isla, porque se trata de encontrar a UNA, porque espero lo que quiero, y a estas alturas no voy a conformarme con menos, y mientras tanto quiero seguir teniendo relaciones auténticas y afectuosas con las personas que me rodean y seguir mostrándome como el chico ideal de una hipotética pareja ideal, sin que ello difiera de ser más yo y más genuino que nunca.

Y a los emparejados que veis a los solteros desde vuestra atalaya, deciros que no subestiméis vuestras corazonadas de "debería presentarle X a Y", ya que hay numerosas parejas que se conocen a través de un amigo común, lo cual sirve como elemento validatorio y otorga un certificado de calidad en un mercado donde es difícil distinguirse por meritocracia y donde ayuda mucho más una "carta de recomendación".

Ven ya. 

Fin.


Foto: Parece que por el canal no llega...

domingo, 2 de febrero de 2014

What's in your backpack?

"How much does your life weigh?" - pregunta Ryan Bingham (George Clooney) en 'Up in the air'.


Esta escena y su diatriba me ha tenido en jaque durante varios días, pensando no únicamente en el controvertido planteamiento del personaje, sino también en mi interpretación personal del mensaje lanzado. Quitando de los desafortunados 3 últimos segundos, donde pretende asemejar los seres humanos con tiburones, me parece una reflexión atrevida y, según en qué foros, políticamente incorrecta.

Hasta cierto punto es sencillo aligerar el peso de las cosas materiales en aras del desarrollo personal. Si tratamos de llevar todas ellas con nosotros, llegaremos a un punto en que las correas tirarán demasiado hacia atrás, impidiéndonos el paso, quizá haciéndonos daño incluso.

Pero, ¿qué sucede cuando esta mochila la hemos llenado de gente que nos importa, de amigos, de familiares, de nuestras parejas, de recuerdos, de experiencias? ¿Alguna vez hemos pensado cuánto puede pesar esa mochila llena de elementos tan esenciales para nuestra vida? Y yendo más lejos, ¿hasta dónde podríamos llegar sin su peso?

¿Cuántas son esas creencias que nos constituyen, esos compromisos que nos rigen? ¿Cuánto pesan los valores a los que me debo? En resumen, ¿cuánto de lo que nos ha traído hasta aquí, hasta lo que somos, todavía viaja en nuestra mochila?

Mi mochila. Fui a por ella...

Y ahí estaba todo.

Un gran saco de amor y deber a mis padres y a mi familia. Un buen adoquín de compromiso con mis principios. Un pesado plomo por cada persona que me esfuerzo en mantener cerca en mi vida.

No está mal... Pero había más... Algunas cosas que ignoro qué hacen ahí todavía.

Ahí se camuflaba, muy hondo, el día en que le dije a una chica "no va más" y nuestras vidas, hasta entonces juntas, se separaron. Encontré también el tren que me esperó dos veces, y por dos veces lo dejé marchar. También hallé la impotencia de dejarme África con la miel en sus labios. Incluso una carta que cruzó asombrosamente un continente. Y también estaban, espurias, las tardes en que apreciaba tanto a una persona que, cuando se marchaba, no se despidió.

Encontré mi torpeza de no haber dicho a tiempo que me importaba, las malas decisiones, los errores, la mediocridad. Pesadas como rocas, la veces que estaban esperando algo más de mí. Mis quejas, mis lamentos. Ahí, polvorientas, las vidas que pude haber escogido vivir y no lo hice. Y como un lastre, todo lo que queda por hacer en esta vida.

Se dice que es necesario soltar lo viejo para abrazar lo nuevo. Abrir los puños que sujetan tenazmente nuestro punto de anclaje, y perder el miedo a caminar libres hasta dar con un nuevo asidero. Soltar es mirar hacia delante; tener la valentía de distinguir lo que nos sirve o no nos sirve, en nuestro camino a ser mejores y más sabias personas.

Mi mochila está verdaderamente cargada de cosas. Pero ha llegado el día en que toca vaciarla y estirar la espalda. Desentumecerse y decirle a cada cosa: "fuiste imprescindible en mi vida, pero ya no quiero cargarte más".

Y es que, para descubrir otro continente, los antiguos navegantes tuvieron que perder de vista la costa.

Be yourself.

sábado, 4 de febrero de 2012

El tracte

Feia temps que volia escriure una mica per escriure. Per contar relaxadament alguns dels sentiments que m'afloren en els pocs moments de lluïssor personal que el dia em deixa. I un d'ells, en concret, el tinc molt present darrerament, i molt sovint. Per tal de fer un símil burd, a tots ens ha passat en una piscina haver aparaulat amb els amics que anaveu a fer un bot tots a la vegada. Tots heu corregut fins la vorera però, a l'hora de la veritat, tu has sigut l'únic fava que ha botat i s'ha banyat. Tot seguit de traure el cap de l'aigua, es pensa: "aquest no era el tracte".

Això no era el que tenia que passar. 

Al meu fur intern, jo també havia fet inconscientment un tracte amb la meua ciutat i amb el futur. Es tractava de: "Bé, anem a marxar un temps fora. No passa res, no patim per les amistats. Els nostres llaços són forts. Tan sols hi ha que centrar-se en viure experiències i convertir-se en un home de profit. Després tornarem a casa, trobarem treball, i els anys veniders seran encara millors que els universitaris, perquè podrem fer plans que abans no podríem permetre's, viatjar junts, quedar per les vesprades, conèixer i integrar a les nostres parelles o, resumint-ho per no fer-ho llarg, forjar en ferro les relacions i les amistats que havíem fet a la carrera, per la resta de la vida".

Era un bon tracte. Era una bona manera d'afrontar la separació del nucli famil·liar, del greix d'amistats. S'abandonava amb menys nostàlgia la vida passada, amb la condició de que tornaria transformada en un futur millor.

I així vaig fer. Com al moment de botar a la piscina... vaig complir gelosament el tracte.
Vaig viure unes experiències indescriptibles a l'estranger, vaig aprendre una llengua nova, vaig conèixer el plaer de la independència i la veu de la responsabilitat. Vaig crèixer i vaig ser feliç, però mai vaig perdre de vista que volia tornar a la meua ciutat. I així ho vaig aconseguir.

I afortunadament, també vaig trobar un treball que em permet viure a València i al què em trobe professionalment realitzat. Podria dir sense modèstia que he assolit tot allò que desitjava quan vaig abandonar la vida passada per recòrrer el incert camí de la vida futura. Em sent molt afortunat per eixa banda.

Però la resta del tracte... la part que no era jo... no es va complir.

I no es va complir perquè València s'ha esdevingut una ciutat política i econòmicament insofrible. Perquè no hi ha treball per als meus amics, els quals després de uns quants anys vivint a la capital, han de tornar als seus pobles per no gastar de bades els seus diners. I perquè la gent que comença a tindre el que mereix, s'ha instal·lat a molts kilòmetres, diguem-ne Berlín, París, Madrid, Crimmitschau. Massa lluny per poder gaudir d'ells i de la seua presència, ara que cadascú és un bon professional al seu camp.

Dol comprobar que un tracte no és un tracte si no el poder complir totes les parts. I el compliment de la meua part no comporta quasi satisfacció comparat amb el compliment íntegre.

Conseqüència de tota aquesta exposició és que els moments importants de la vida dels meus amics ara els he de viure en tercera persona, i seguir-los per Internet com quan u llig el resum de les notícies. Així, el meu amic Albert s'ha doctorat a Copenhague amb 27 anys, convertint-se en el Dr. Albert. D'haver succeït a València, li haguera pogut pegar una forta abraçada i ho haguérem celebrat junts fins que isquera el sol. Tanmateix, no puc més que donar-li una forta enhorabona electrònica, i si de cas fer-li un petit homenatge al blog.


Ací el teniu amb les seues grenyes. Ell sí ho haurà celebrat amb un bon cap de setmana de pòker i fideuà.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

El hombre que corría tras su sombra

Extraído de un libro de Jorge Bucay. El bosón de Higgs cumple 50 entradas:

"Muchos maestros de Oriente nos enseñan que somos seres espirituales y que todos nuestros deseos terrenales no son más que la sombra que nuestros cuerpos terrenales proyectan sobre la tierra.

Acompañando esa metáfora, me pregunté un día si en ese planteamiento no está la explicación de mucho, si no todo, lo que nos pasa.

Imagínate que yo decida, siendo fiel a las pautas que la educación de nuestra sociedad de consumo me ha sabido inculcar, correr tras las posesiones que ambiciono o que se corresponden con mi ubicación social, según la norma de mi entorno y mi época.

Si yo representara esa actitud a la luz de la metáfora planteada, sería el equivalente de tomar la decisión de correr tras mi sombra. Ahora bien, si cualquiera tomara tan estúpida decisión, ¿qué pasaría?

Primero, nunca alcanzaría lo que persigue. Segundo, cada vez estaría más lejos. Tercero, lo perseguido cada vez sería más grande.

Cada vez más grande, cada vez más lejos y con garantía de fracaso. ¿No hay peor verdad?

Pero, ¿qué pasaría si ahora me diera cuenta y, girando sobre mis pasos, decidiera caminar hacia la luz, en lugar de correr tras la sombra?

Pasarían, simbólicamente, tres cosas. Poco a poco, la sombra sería más y más pequeña. Cada vez estaría más cerca. Y, finalmente, cuando me acercase mucho a la luz, la sombra desaparecería por completo.

Éste es el camino de este paso, dejar de correr tras la sombre de nuestro deseo de poseer, de acumular, de tener. Caminar en dirección a la luz y dejar que las cosas que deseo me sigan hasta alcanzarme."

jueves, 28 de mayo de 2009

Occidente VS Oriente

[...] A casi todos los que vivimos de este lado del mundo, condicionados por nuestra educación, nos cuesta renunciar a la idea de ser los que producimos el cambio. Nos sentimos obligados a hacer y complacidos de creer que fabricamos cosas desde la nada.

Los orientales, en cambio, con otra serenidad y convencidos de que están haciendo todo lo posible por no interrumpir el devenir, pueden esperar a que ese algo suceda sin necesidad de ser los que activamente intervienen en que se produzca.

Les cuesta decidirse a iniciar el proceso y actuar sobre esa realidad para modificarls a su conveniencia o a la de todos. A nosotros nos cuesta aceptar su pasividad; y a ellos, por supuesto, les molesta nuestra urgencia.

Estamos condicionados por mitos diferentes [...].

El camino de Shimriti - Jorge Bucay

sábado, 9 de mayo de 2009

Pensamiento lateral

El pensamiento lateral o pensamiento divergente hace referencia a un conjunto de maneras de pensar y enfoques de las cosas que permiten descubrir nuevos conceptos, así como aumentar la creatividad.

Generalmente, nuestro cerebro aborda los problemas de un modo racional, fundamentando las respuestas y las soluciones en la experiencia, una base histórica y planteamientos que creemos lógicos.

El pensamiento lateral fue propuesto por Edward de Bono, psicólogo y escritor maltés, para representar todos esos caminos que no estamos acostumbrados a escudriñar frente a la resolución de un problema, obviando muchas soluciones que no se encuentran a simple vista.

La solución al acertijo propuesto la semana pasada es tan evidente como contundente:

La eminencia es una mujer, y claro está, su madre.

Desafortunadamente, no ha habido un número suficientemente grande de respuestas como para tener una población representativa y demostrar que, aquello que las mujeres han encontrado evidente, a los hombres les ha costado de concebir. En experiencias previas he podido comprobar como un un 75% de las mujeres acertaban y el mismo 75% de los hombres fallaban la respuesta, dando con soluciones inverosímiles o absurdas, pero sin caer en la cuenta de que la eminencia no era un hombre.

Como se advierte en la lectura, no se hace mención al sexo de la eminencia en ninguna parte, pero muchos hombres tenemos tan interiorizado que las eminencias han de ser hombres que ni se nos ocurre considerarlas mujer.

También atribuyo parte del fracaso masculino en esta experiencia al hecho de que, la frase que más énfasis contiene en toda la lectura, que es aquella de "¡Pero cómo no lo voy a tratar si es mi hijo!", los hombres la ponen en boca de un hombre, atribuyendo inmediatamente al locutor la categoría de padre, ya no tanto porque se hayan planteado que la eminencia sólo pueda ser un hombre.

Felicidades a Pilu, Pilar e Irene por haberlo acertado. Espero que los demás hayáis aprendido alguna cosa de esta lectura.

Por último, El bosón de Higgs anuncia un cese indefinido de su actividad por reestructuración interna. Hasta dentro de un tiempo.

viernes, 1 de mayo de 2009

Lo que crees sobre ti

Lo que crees sobre ti mismo, a lo mejor no es tan cierto. Propongo un acertijo:


" Antonio, padre de Roberto, un niño de 8 años, sale conduciendo desde su casa en Santiago y se dirige rumbo a Viña del Mar. Roberto va con él.

En el camino se produce un terrible accidente. Un camión que venía de frente se sale de su sector de la autopista y embite de frente al coche de Antonio. El impacto mata instantáneamente a Antonio, pero Roberto sigue con vida.

Una ambulancia de Viña del Mar llega casi de inmediato, advertida por quienes fueron ocasionales testigos, y el niño es trasladado al hospital. Conforme llega, los médicos de guardia comienzan a tratar al niño con mucha dedicación pero, luego de intercambiar opiniones y estabilizarle las constantes vitales, deciden que no pueden resolver el problema de Roberto.

Necesitan consultar. Además, advierten el resgo de trasladar al niño y, por eso, deciden dejarlo internado allí, en Viña del Mar. Luego de las consultas pertinentes, se comunican con el Hospital de Niños de Santiago y finalmente conversan con una eminencia en el tema a quien ponen en autos de lo ocurrido. Como todos concuerdan que lo mejor es dejar a Roberto en Viña del Mar, la eminencia decide viajar directamente desde Santiago hacia allá. Y lo hace. Los médicos del lugar le presentan el caso y esperan ansiosos su opinión.

Finalmente, uno de ellos es el primero en hablar:

- ¿Está usted en condiciones de tratar al niño'? - pregunta con un hilo de voz.

Y obtiene la siguiente respuesta:

- ¡Cómo no lo voy a tratar si es mi hijo! "


¿Cómo puede tener sentido la historia?

Un par de pistas: 1) Antonio no es padrastro. 2) Antonio no es cura. Los comentarios no estarán visibles durante esta semana para que nadie vea la respuesta. Intentad no hacer trampas. La solución, la semana que viene.

NOTA: Ya hay 2 comentarios (ocultos) con una posible solución. ¡Dejad la vuestra!

ACTUALIZACIÓN 7-JUN: Ya hay 3 comentarios (ocultos).

martes, 13 de enero de 2009

No pasa nada, y pasa un mundo

Momentos en que no hay mucho que contar aquí, aunque suceden infinitas cosas a mi alrededor. David me aconsejó disfrutar de esta escena de "Lugares comunes":


- La experiencia no implica conocimientos, yo no sé nada de mujeres.

- Eso es una mentira elegante, un caballero no habla de ciertas cosas.

- Las pocas mujeres que conocí en mi vida, las admiré, las observé, intente descifrarlas… nunca dejaron de ser un misterio… nunca dejaron de sorprenderme. Pero bueno, lo único importante es disfrutar de su presencia. Yo no me di cuenta en seguida, pero un tiempo después aprendí a escucharlas, a valorar los silencios, las miradas… esos momentos en los que parece que no pasa nada y pasa un mundo. Aprendí a respetar su intuición, su inteligencia… y aprendí a amarlas.

- Le quiero advertir que el nivel de mis defensas esta bajando peligrosamente, no se pueden decir esas cosas así, como si nada.

- Llevo cuarenta años casado con la misma mujer y le soy fiel.

- No soy chismosa, no es necesario que me mienta.

- No le estoy mintiendo, nunca me obligue a serle fiel a mi mujer, no es una norma o pacto a respetar… con Lili, con mi mujer, siempre dijimos que si alguien se cruza con alguno de los dos… mala suerte, pero sin mentiras. Estamos juntos porque queremos, nadie nos obliga. Nos obliga a ser leales. Ninguna de las mujeres que conocí después de Lili le puede ganar. Las miro, las puedo admirar, me puede asombrar encontrarme con alguien como Tutti Tudela pues yo estoy abierto a lo que sea, a lo que pueda pasar, pero no hay caso… Lili gana… Lili gana siempre.

- Tengo la sensación de que cuando habla de mujeres esta hablando de una sola mujer.

- Sí, puede ser… sí.

- Me gustaría mucho poder conocer a su mujer, quiero dejar de ser discreta por una vez y contarle todo lo que usted me dijo. ¿Ella lo sabe?

- No, nunca se lo dije pero Lili… qué se yo… nunca se le escapa nada.

- Dígaselo.

- No se si puedo, por ahí se lo escribo.

- Eso también estaría bien… pero hágalo pronto, esa mujer no se merece que la hagan esperar tanto.

http://www.youtube.com/watch?v=74tLhIVZEzE

viernes, 5 de diciembre de 2008

Walking around

"Sucede que me canso de ser hombre", comienza Neruda en Walking Around.

Y es que hoy es uno de esos días en que detesto seguir ejerciendo una de las profesiones más difíciles hoy en día: ser hombre. Me canso de tener esperanza un día, y de perderla al siguiente, de que las espectativas fluctúen sin rigor ni sentido como los mercados de valores hoy en día, de emplear el poco tiempo libre del que comienzo a disponer y mis mejores maneras en presentar mis credenciales a las mujeres con las que me cruzo, y encontrarme su indiferencia como resultado. Me canso de perseguir señales, indicios, interpretaciones que un día me propulsan al infinito y al día siguiente me entierran con gusanos. Me canso de entrar en las discotecas y que todas las mujeres miren con cara de virgen violada cuando les dices algo.

Me canso de tener paciencia cuando la paciencia quizá no dé sus frutos, me canso de ser vulnerable a todos estos asuntos. Hay quien opina que no vale la pena esforzarse por encontrar a la persona adecuada para compartir tu vida, que ya aparecerá por casualidad. Pero yo opino que la búsqueda del amor correspondido en una tarea demasiado importante como para encomendársela íntegramente al azar.

Y por eso, me canso de ser hombre.

Sí, sería bello no morirse de frío en los inviernos, ahorrar lo que gasto en reparaciones para invertirlo en flores y en largometrajes. Sería reconfortante estrujar el cerebro con recetas y poemas, mucho más que con malas tretas y burdas excusas. Sería grato una tregua, escupir el cuchillo de mis dientes, y alguna vez cansarme de ser niño, y no siempre cansarme de ser hombre.