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domingo, 28 de febrero de 2010

La noche en que cruzamos el Mississippi

Había un libro esperando para ti, chica Sugus.

Foto: fuente.

Zahara tocó en la Wah Wah con los Fabulosos y nos puso la piel de gallina. No importó que se dejara Domingo astromántico y que la dulce chica con la que estuve hablando todo el concierto fuera bollera. Había un libro esperando para ella, así que esperé a que saliera del backstage y todos los grupis se hicieran las correspondientes fotos para el Caralibro. Yo soy más caballero, no me va lo de la foto (y bueno, tampoco tenía cámara). Así que Zahara, ha sido un concierto estupendo, gracias por volver por aquí, y te quería regalar un libro de sonetos que he escrito. Espero que te guste.


Con la sonrisa más bonita del mundo me hizo una reverencia y me dio dos besos. Y Spuni y yo salimos satisfechos del local con más proporción de tías de toda Valencia, en ese momento exacto. Qué bien sienta, de vez en cuando, llegar a casa un sábado a una hora respetable y sobrios para poder aprovechar la mañana del domingo, comentábamos. Y en ese preciso instante, desde un balcón lleno de gente y luces estroboscópicas, unas chicas nos gritan:

- ¡Eh, subid! ¡Llamad a la puerta 2!

Instantes después entrábamos a una bizarra fiesta de disfraces españolerasmus y nos servíamos cerveza fría de la nevera. Al más puro estilo de El café de Nicanor, fuimos conociendo a los presentes:

  • R, amigo de un inquilino. Confundió nuestros nombres 5 veces. Aseguró haber estado con varias tías buenísimas en su vida. Segundos después hizo un bochornoso intento de ligue con dos chicas. Me pidió el número de móvil no sé para qué. Vi como se lo apuntaba mal. Creo que no volveremos a hablar nunca.
  • M, amiga polaca de una inquilina. Cuando llegamos aún podíamos intuir que, por el maquillaje de su piel, iba disfrazada de Pitufina. Cuando nos fuimos del piso tenía más un aire a Rambo.
  • P, amiga de alguien. Tenía los ojos saltones como Betty Boop y una cara de tonta que no podía disimular. Quería ir, valga la redundancia, a Betty Boop sólo si le pagábamos la entrada. Claro...
  • X, amiga de alguien. No supimos cómo se llamaba. En un momento dado quiso volver del balcón al interior del piso, pero entró por la hoja equivocada de la ventana. Del rebote contra el cristal, hizo un torbellino y terminó por fin dentro. No pude evitar reirme. Cuando le pregunté are you OK? ella contestó yes, I'm fine, pero no me miró.
  • C, dueña del piso. Estudiaba Comuniación audivisual en el CEU y era de Murcia, pero no tenía acento ostia pijo huevo. Vestía de Dorothy con unas graciosas coletas y se había pintado pecas en la mejilla. Quería irse de Erasmus a Berlín pero antes, cumplir los 21 en Las Vegas dándole en toda la boca al segurata que no le habría dejado entrar 24 h antes en un Casino por no tener la edad mínima. Había estado 1 vez en Montepicayo. Puso 2,5€ al 21 y salió. Se llevó más de 90€. Quería hacer lo mismo en Las Vegas. Me confeccionó en su taza del desayuno el último cubata con las sobras de las sobras: ron de 3€ con ginebra. Fue un gesto muy bello que yo aprecié. Quiere que quedemos a tomar café en su casa.

A Spuni se le ocurrió, en cierto momento, que con la cazadora de cuero y la taza tenía un aire a Pepe Navarro, el único hombre capaz de dar dos noticias consecutivas de cariz diametralmente opuesto:

"Con todos ustedes... ¡Crispin Clander!... y en otro orden de cosas... mueren 14 personas en Irak..."

Así que ayer noche cruzamos el Mississipi. Y después, ya sabéis...

- "Y después, yo".

sábado, 30 de enero de 2010

Códigos

CÓDIGO BRO

En algún artículo del Código Bro bien se podría citar:

"Todo Bro debe hacer lo imposible para que su amigo duerma con el ligue de la noche".


CÓDIGO CHIC

En algún artículo del Código Chic bien se podría citar:

"Toda Chic debe hacer lo imposible para que su amiga no duerma con el ligue de la noche".


Sutiles detalles que nos hacen diferentes, aunque por suerte aparezca un Bro cuando menos te lo esperas.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Mañana no será lo que Dios quiera

El disfraz de Michael Jackson había causado cierta sensación en los carnavales de Rafelbunyol, me atrevería a decir, algo más entre el colectivo masculino que entre el femenino, quien curiosamente se precató, claro que sólo quién la reconocía, de que era una camisa de pioneros la que completaba los atuendos de Rey del Pop.

Me harté de saludar a sorprendidos, que en un alarde de ingenio, preguntaban que qué hacía yo allí si me acababan de enterrar. Pues he venido a lo mismo que tú, no te jode. Beber, bailar, entretenerme viendo los disfraces de la gente... ¿No sabes decir nada más gracioso?

No conseguí encontrar a casi nadie, y la noche se alargó innecesariamente. Tanto, que tengo la sensación de haberme acostado ya con resaca. Al despertar, todo era ropa sucia y desorden a mi alrededor, y auguraba la habitual jornada en que el dolor de cabeza me sobreviene conforme avanza el día, y no al contrario.

He comido algo calentado al microondas. En la tele Rajoy y Rita babeaban por Camps, y éste pronunciaba el discurso más enfervorizado y desmedido que le había visto nunca. Habían arrestado a 16 prostitutas en el barrio de Gracia. Los banqueros británicos y americanos volverían a concederse bonus desorbitados dentro de poco.

He fregado y me he dejado caer en la cama con la meninge a punto de explotarme. Durante unos segundos me he acordado de ella. La he dejado ir sin más. He dado un par de vueltas en la cama, y he cogido el móvil para borrar algunos mensajes del verano. He hecho acopio de fuerzas y me he acercado al centro a comprar un GPS que me permita moverme por Castellón con cierta soltura estos primeros días, y de paso adquirir un artículo que tenía en mente ya hace bastante tiempo.

Al bajar a la calle he descubierto que el verano había terminado de repente. La estampa era melancólica y gris, y un sollozo de lluvia arreciaba confiriéndole más si cabe un aura de tristeza. Las temperaturas habían bajado, y en algún momento incluso he podido llegar a sentir frío.

En el metro iba absorto en la lectura de "Saber peder", de David Trueba. Tragedias cotidianas de gente corriente. A Ariel le estaban enseñando la puerta en su equipo, y Leandro era vejado en su propia casa por la persona que más deseaba. Enseguida he llegado a Colón, y no me he demorado apenas en la compra ni en los paseos habituales por la zona de los libros que habitualmente comporta la visita a un Corte Inglés.

A la vuelta, así, súbitamente, he pensado que es un coñazo buscar. Buscar la Tierra Prometida, buscar el Bosón de Higgs... He pensado así, súbitamente, que es agotador, desesperante. Vaya, que no sirve para nada. También he concluido que no es nada útil perder el tiempo con quien no está dispuesto a perderlo contigo, ni hacer caso a quién no se va a molestar en hacértelo a ti.

Y así, en medio de tan trivial revelación, me he sentido vulgar, prosaico, aunque al mismo tiempo algo más alineado y ordenado con el mundo que gira a mi alrededor. Me ha parecido interesante lo que acababa de hallar, pero enseguida ha llegado mi parada y he salido del metro sin volver sobre el asunto.

He visitado a un amigo para hacer un videomontaje, y me he reído como hacía tiempo que no lo hacía. Son imprescindibles las risas en el día a día. Se han pasado 3 horas volando, y he vuelto a casa únicamente para prepararme una ensalada que, aunque estaba sabrosa, no me ha quitado el mono de carne que tenía. He cogido el maletín de póker y he vuelto a casa de mi amigo donde habíamos organizado una timba.

En la tele Bélgica encajaba 5, y sobre la mesa yo me llevaba 9€. Una partida de esas en que ganas 2 ó 3 veces en un par de horas, pero recoges buena cosecha. He llegado a mi casa, y seguía cayendo la misma melancólica llovizna de la tarde. Ahora sí que ya no quedaba más tiempo. Mañana marcho a Castellón, y hago la primera noche allí.

Mañana cambio de vida, no sé ni en qué medida, ni en qué dirección. Tal vez mañana irá todo bien o mal, o sencillamente irá, sin saber decir muy bien qué criterios tomar para describirme mejor o peor.

En cualquier caso, mañana es el día. Y mañana, como reza la novela más reciente de Luis García Montero,

mañana no será lo que Dios quiera.

domingo, 5 de julio de 2009

Berlín, el Regreso Prometido

De regreso a Berlín, una dosis contraindicada de Demerol estaba terminando con la vida del más excéntrico de todos los reyes del pop, Michael Jackson. Pero eso no lo supimos hasta poco después de que Edu nos recibiera como a unos jefes de estado en Schönefeld, con unas Steinburg en mano. También pudo haber acabado con nosotros la mezcla estomacal que gestamos justo antes de acostarnos, consistente en: dos cervezas por cortesía de Edu y Felipe, chocolate por cortesía de Bego, una currywurst con patatas y mucha mayonesa por cortesía de Q36, pacharán por cortesía de Paula y unos medicinales tragos de Veterano, por cortesía mía. Sin embargo, lo que sucedería seguía lo siguiente:


La climatología no ha acompañado durante el viaje en cuanto a lucimiento, sí en cuanto a temperatura, lo cual casi lo hemos preferido. Con la típica mononube plomiza instalada entre Dresden y Copenhague, el viernes salimos a acabar de visitar algunos míticos lugares que aún, inexplicablemente, nos quedaban en el tintero tras dos años de habitar Berlín. Victoria Park y la cruz de Kreuzberg se erigen coronando la cota más alta del barrio de moda actualmente en Berlín, evocan la revuelta popular de Berlín oriental del 17 de junio de 1953, y una cascada desciende la pendiente dejando un paisaje verdaderamente bucólico en uno de los corazones de la ciudad.


La Platz der Luftbrücke nos recordó el puente aéreo tendido sobre Berlín durante el bloqueo soviético entre 1948 y 1949 y aquella frase mítica de Ernst Reuter: "Ihr Völker der Welt, schaut auf diese Stadt". Y así de insignificantes nos sentimos al lado del recién clausurado Tempelhof, cuyo edificio sería el más grandel del mundo a su conclusión en 1941.


Nuestro recorrido continuó por zonas tan empapadas de historia como Friedrichstraβe, el Lustgarten y Unter den Linden, para terminar comprando un knusprige Ente en Hauptbahnhof y relamernos echados en el jardín del Reichtag, mientras tan pronto nos chispeaba el cielo como nos regalaba unos destellos de sol.


Podría afirmar que llegado a este punto, yo, que creía haber vuelto psicológicamente preparado para combatir el regreso con la firme convicción de estar donde quería estar, tuve las primeras dudas y reflexiones internas acerca de si realmente vivo donde me gustaría vivir y si realmente estoy condenado y resignado a no poder disfrutar de una experiencia similar nunca jamás.

Ya totalmente contagiados del buen aura de Berlín, fuimos a encontrar el nirvana en el chocolate caliente de un brownie del Burger King de la Straβe des 17. Juni, cuyo emplazamiento, según anotaciones de Ana, fue en su día la puerta de entrada al barrio de Hansa Viertel. Y tras el reencuentro con Edu y algunas conversaciones interesantes sobre temas banales como son la vida, la amistad y el amor, pusimos rumbo a casa para preparar la primera gran cita con la noche berlinesa.

Rindimos homenaje a Michael Jackson pinchando sus hits, intentando el moonwalk y venciendo a la gravedad como en Smooth Criminal. Comenzaron los primeros reencuentros y comentarios que auguraban una noche de lo más jugosa. El Kaffee Burger nos esperaba infalible como siempre, con buena música, gute Stimmung y una buena proporción de hembras que se dejaban querer, pero no caer, aunque siempre peco del too much talking.


Cuando llegamos a casa ya era muy de día y tenía la impresión de que la resaca nos iba a tener en coma al día siguiente. Pero hasta en eso nos fue bien, porque doña resaca nos respetó religiosamente, conscientes de que por mucho menos, otras veces, nos ha estado picando el cráneo las 12 horas siguientes.

Berlín Treptow era el objetivo del sábado. Con las bicis nos fuimos bordeando el Spree, buscando la paz y la amplitud de alguno de nuestros lugares favoritos. De camino dimos con un barco atracadado abandonado, Berlín en estado puro, el cual abordamos para sentirnos algo piratas, hippies, okupas... en fin, berlineses.


Tras atravesar una tupida pradera abierta como unos kamikazes, hicimos la primera pausa en el monumento soviético a sus héroes, el cual ratifico como lugar más sobrecogedor de todos los lugares que evocan Berlín como el escenario por antonomasia de la 2ª guerra mundial. Y mientras unos incívicos se lanzaban un frisbie por encima de la memoria y los cuerpos de 5000 soldados, nosotros volvíamos a conversar sobre temas banales como la vida, la amistad y el amor.


Al borde del Spree nos esperaba otra conversación, unas creppes, y una interesante teoría acerca de si las mujeres de las que nos enamoramos siguen algún patrón descriptible o parametrizable. Y retrocediendo hasta la East Side Gallery, descubrimos la redecoración del tramo de 1,3 km de muro, entre Ostbahnhof y el Oberbaumbrücke. La última parada de la tarde fue la concentración por Cristopher Street's Day, donde, quién sabe si más de un centenar de millar de personas de lo más variopintas mostraban orgullosos e impúdicos la bandera de su homosexualidad.


Hubiera sido una pena no compartir, al menos, una cena y una velada con el comando UPV que coincidía con nosotros en Berlín. Amaretto nos dió cobijo a una multitud de españoles, como otras veces, sin deslastrarnos los bolsillos y urgiéndonos a marchar sin sobremesa. Para terminar la noche, Alte Kantine con sus cuños visibles a la luz morada, su Michael Jackson y su 'me intento pagar la entrada con el Pfand'.

Al salir, como siempre, muy cocidos. Y Ali Babá nos salvaría la vida, preparándonos un kebab que al día siguiente estaría peleando fraticidamente con nuestra resaca, pero no nosotros. Porque nosotros teníamos una de las citas más reseñables con diferencia de mi estancia en Berlín. Paintball.

U5-Hönow. "Dieser Zug endet hier. Bitte alle aussteigen." Y un tipo muy extraño nos hace caminar 25 minutos, encontrando de camino un cartel que reza: "Brandenburg". Nos adentramos en un bosque y allí, en mitad de una zona despejada y agreste, el más clandestino y prohibido Paintball que uno pueda imaginar. Sin infraestructura, sin servicios, sin enfermería, sin monos de protección. Tan sólo unas endebles máscaras y las pistolas son el uniforme proporcionado por 2 freaks aficionados a la guerra y a las armas, quienes nos cuentan las normas mínimas de seguridad para no perder la vista en el campo de batalla.


En la trinchera, adrenalina pura. Si eres alcanzado: "¡Gotcha!" y con las manos levantadas. Si sucediera en la guerra, un cadáver. Para sobrevivir, encontrar una buena protección, tener buena puntería, ser invisible entre la maleza y jugársela cuando se asoma el pescuezo. En cierto momento deja de ser divertido. Es demasiado militar, demasiado real. No es un juego. O al menos, no está montado para que así parezca.


Un Grillen in-situ con unos buenos Steaks y unas Bratwurst, para nada olvidados por nuestro paladar, nos hacen recuperar el tono. Pero allí no hay cotenendores para tirar la basura, porque todo lo tiran al bosque contiguo, o a una caravana calcinada que tiene medio metro de mierda en su interior. Muy nazi. Muy denunciable. Muy berlinés.

Camino a casa, entumecidos, descubrimos alguna garrapata por nuestro cuerpo. Una ducha en casa nos purifica y bajamos a encontrar la última cena en un japonés de Bergmannstraβe, con Happy Hour a mitad de precio. Los camiones de limpieza todavía se emplean a fondo con los restos de la Cristopher Street's Day. Aún así, la calle está hermosa, y pensamos que es la Kastanienallee de Prenzlauer Berg o la Simon Dach de Friedrichshain.

Cócteles para el cierre. Las últimas conversaciones sobre temas banales como la vida, la amistad y el amor. Una cuenta que arroja una equivocación a nuestro favor, Bego desde detrás del cristal del N6 diciendo adiós y el último garito de Mehringdamm que nos sirve el peor pitraque del averno y nos echa de su terraza a las 3.30 a.m.


A las 5 a.m. suena el despertador de mi móvil. Una monstruosa fuerza involuntaria en mi interior desea apagar la alarma, seguir durmiendo hasta medio día, levantarse tranquilamente, desayunar Marmor tal vez, bajar a dar un paseo por Yorckstraβe y retomar una vida que me resisto a creer terminada.

Pasan 10 minutos y sigo en la cama. Edu y Felipe duermen. El sol lleva fuera más de una hora, aunque el día está nublado. La habitación de Edu es muy bonita, se nota que los arquitectos tienen una sensibilidad y un buen gusto especial. Es de sección pentagonal. Me gustan las cosas pentagonales, las cosas que tienen 5 elementos. Estoy mareado aún por los cócteles de 2 horas antes. Quiero dormir, dormir y despertar en Volkspark o en Wannsee...

...pero de repente un automatismo asentimental, programado en mí para estos casos de emergencia, toma el control y me levanta como un resorte del sofá cama. Me viste, me acicala, mete todas mis cosas aún esparcidas por la habitación en la maleta, y le da un emocionado abrazo a sus camaradas Edu y Felipe. Bajo a trompicones los 4 pisos del 91 de Yorckstraβe con Möckernstraβe, y al poner el primer pie en la acera, vuelvo en mí.

De repente me descubro arrastrando una pesada maleta de sonrisas y recuerdos, empapado en lágrimas, martilleteado por el traqueteo de las ruedas sobre el pavimento, ametrallado por mil caras y mil arañazos de corazón. La calle está desierta, sólo un hombre me sigue. Pero justo cuando me da alcance, se desvía hacia un familiar Tutti Frutti.

El camino a Schönefeld es largo y agónico. Pero Berlín ya está en marcha un lunes a las 6 de la mañana. Algunos, incluso, de muy mal humor, como la alemana gorda y nazi que me obliga a facturar la maleta por el centímetro de ruedas que no cabe en el validador de equipaje de mano. Entonces pienso que también Schönefeld se ha convertido en un aeropuerto muy nazi, donde EasyJet y Ryanair se disputan la cuota de mercado concentrando sus vuelos, hacinando a los pasajeros, sometiéndoles a largas esperas e incertidumbres y a ningún margen de maniobra.

Sólo algunos fotogramas tengo del vuelo a Madrid. El recuerdo de tener el gaznate muy seco, de ver a la muchacha de mi izquierda dormitar, de escuchar prepare for landing. Por suerte Blanca me esperaba con pa amb tumaca y una caña en la Plaza del 2 de Mayo, y Joan y Ana, cálidos, generosos y dispuestos como siempre, para comer conmigo y escuchar las inacabables historias de Berlín, la Tierra Prometida.


Estaba claro que tenía que terminar, pero... ¿No terminó demasiado pronto? ¿Cabe renunciar para siempre a vivir como antaño en Berlín? ¿Cómo sería Berlín sin la gente que la hizo mortalmente arrebatadora? ¿Cómo definir la calidad de vida de una ciudad? ¿Cómo hubieran sido estos días sin Felipe, sin Edu, sin Bego, sin Guti, sin Amparo, sin Laura, sin Míkel, sin Udu, sin Fede, sin Paula, sin Mariña, sin Steffi, sin Jana, sin Lisa...?

¿Realmente vivimos donde queremos vivir? ¿Realmente hacemos lo que queremos hacer? Antes de este viaje lo tenía muy claro... Después de él, no demasiado. Berlín es como una exnovia que te llama después de algún tiempo, y te propone cenar, y se acaba acostado al lado de ella derivando en extrañas segundas partes, o terceras, o quién sabe cuántas más.


Gracias a todos por este fantástico viaje. Sólo me queda decir, como en su día JFK:

"Ich bin ein Berliner".

lunes, 30 de marzo de 2009

Cumplir 25


No se cumplen años todos los días. Por eso lo celebramos. Y el vigesimoquinto aniversario no es como los demás aniversarios; tiene algo de especial, tal vez por significar un cuarto de siglo. Si a ello le sumamos los últimos acontecimientos con los que la vida me ha agraciado, había motivo para celebrarlo de la manera más especial posible.

Había motivo. Y tanto que ha sido especial; el mejor de mi vida, sin duda. Porque he podido contar con todas las personas que pretendía, y todos ellos me han sorprendido con originales e inesperados regalos y muestras de afecto.

Para empezar, los Scouts decidieron juntarse una tarde para producir casi una comedia de largometraje, parodiándome y grabándose en vídeo, para luego, por sorpresa y tras una reunión, pasarme el rodaje ante mi estupefacción. Durante los 30 minutos que duró no pude cerrar la boca de incredulidad. Óscar al mejor vestuario y el mejor guión, sin duda.

Durante las Fallas he podido quedar con la gente de clase, con quienes empiezo a sentirme integrado y parte de ellos mucho tiempo después de romper con la rutina universitaria por mi exilio de dos años. También recibí sus felicitaciones.

La familia y los amigos de siempre, nunca fallan.

Pude pasar un par de horas con mi hada madrina en la Nit del foc. Poder verla cada vez que a su tierra vuelve, no se puede pagar con nada en el mundo.

David nos hizo cena en el Café Teatro La Passion, muy rica y por buen precio, y pude estar con personas a las que, aunque desaparecen del día a día por causas del destino, echo de menos igual. Terminé aquella noche bailando en el escenario seducido por un Drag Queen. Son graciosas esas noches que parece que van a terminar la mar de tranquilas, y se te acaba relacionando con gente de dudosa reputación.

Y el colofón, el viaje a Madrid de este fin de semana. Es indescriptible lo bien que me hace sentir esta gente cada vez que estoy con ellos. Se congregan, pierden dinero y tiempo, horas de sueño y incluso algún año de vida... y todo por que voy a visitarles. Me hacen sentir muy especial, y de su pasta están hechos todos los recuerdos de Berlín. Tenemos algo en común, y es que desearíamos, por unas horas, estar grilleando en Volkspark con una Berliner Kindl en la mano, o viendo atardecer un día más desde el puente de Warschauer Straße.

Se me acaban las palabras de agradecimiento con ellos.

Y para redondear la faena, salir con 52,5€ más en la cartera de Torrelodones, coger in extremis un avión que parecía iba a perder, llevar el dinero justo para comprar un billete de metro a casa y una postal de Valencia nocturna, iluminada de este a oeste, a través de la ventanilla mientras aterrizaba en Manises, son la mejor guinda para celebrar unos 25 años que, aunque bien, a cuestas llevo.


P.D.: Me intriga desde tiempo ha lo siguiente: ¿Quién sigue el blog desde Bochum?

domingo, 28 de diciembre de 2008

GT de Nadal

O la Gran Trucada de Nadal.

I es qué quan s'acosta Nadal, eixa inquebrantable societat limitada que són els Tipets organitza la partida de truc més fraticida i a cara de gos es puga concebir. L'event consisteix, bàsicament, en comprar sopar-basura, molta 'burra', i jugar a les cartes fins que el cos aguante o algú mora en l'intent.

La novetat d'aquest any era la incorporació, a les condicions de la partida, d'elements de disfressa estrafalaris per amenitzar o, tant si bé, treure de record una foto graciosa com aquesta.


Es venien establint certs precedents que només els ilusos de Saül, Tipet i Albert volien creure que es convertirien en habituals. Tots tenen males partides, i la que jugàrem l'any passat Leandre, Carles i jo va ser realment nefasta, a més de tampoc haver-se emportat la victòria dos anys enrere. Aleshores, les ànsies de revenja eren manifestes.

La partida va transcòrrer amb dos elements totalment al marge, jugant unes mans paral·leles a la realitat: Albert i jo vam trobar prompte el camí de l'alcohol, de manera què tornar amb 28 no ens donava gens de respecte. Mentre jo ficava l'espectacle i el risc, Leandre, que és l'home que es trau el Grau Superior de Valencià sense voler, sempre hi guardava una bona tranca per a les millors ocasions.

Però si hi havia un home en forma aquest era Carles, destrossant el mite aquell sense fonaments de "afortunado en el juego, desgraciado en amores". Va colar un terrible joc fora en la darrera mà, i jo, amb l'èxtasi de la victòria que se'ns negava ja molt de temps, vaig acabar-hi damunt de la taula amb els pantalons baixats com havia promés hores abans, mentre Saül mirava incrèdul el meu penjoll. Aquesta és la darrera imatge que tinc de la nit.

Pot ser aquesta cel·lebració a l'estil 'Amèrica guanya la Ryder Cup' va ser desmesurada, però qui es controla baix els efectes de la beguda i de la revenja materialitzada... A la fi, l'objectiu era convertir la GT de Nadal en un event memorable, i pense que es va aconseguir.

P.D.: Algunes persones tornen de vegades a aparèixer per recordar-nos que hi ha vida més enllà d'ú mateix, i una vesprada de diumenge es trastoca per acabar agafant-se fort a una mà freda, plorant sobre una taula i cantant baix la plutja.

lunes, 8 de diciembre de 2008

El gol fantasma

El amor, al igual que la política, aportan a menudo temas de discusión sobre los que es imposible dar con un axioma, una verdad absoluta. Si acaso tiene sentido la pregunta ¿qué tiene que ver la política con el amor?, esto último podría ser una respuesta aceptable.

Expertos en amor y desamor tuvieron la deferencia y el gusto de manifestar su punto de vista en la última entrada del blog. A ellos gracias por su intervención, y también a la gente que lo hizo de manera privada.

Y es que éste que termina, ha vuelto a ser un fin de semana especial, en primer lugar por haber sido un 50% más largo, y en segundo por haber contado con la grata presencia y compañía de Inés y sus amigas de Ávila. No lo voy a negar; ser el guía turístico de ocho chicas es embriagador, aunque haya que lidiar con sus indecisiones e indeterminaciones, que se añaden exponencialmente por cada miembro computable.


Con el antecedente de la visita de mi gente de Madrid, ha sido esta vez, si cabe, más sencillo elaborar itinerarios para ajustarse a los horarios y necesidades. La mañana llevó a la tarde, y la tarde a la noche, la cual resultó ser muy entretenida contando con la inestimable colaboración de algunos "Wing-men" del Kipling.

Estuve de acuerdo, en casi todas las líneas generales, con Saül el practicante, con Albert el teorizador y con nuestro anónimo (¿D.B.?) profetizador. Y por suerte, este sábado pude recordar que todavía invierto más esfuerzo en pasarlo bien que en presentar credenciales, que soy alguien que difícilmente traiciona sus principios, y que siempre hay alguna chica que aparece como una canción de los años 80, para hacerte pasar un buen rato cuando tú no te lo habías siquiera propuesto. Así que, para la crónica de sucesos, podemos hablar de gol fantasma, símil del mundo futbolístico, denominando así al hecho de computar un tanto sin que la pelota haya llegado a entrar.

Seguiremos buscando el bosón de Higgs. O mejor que buscando, seguiremos jugando a encontrarlo...

P.D.: Podéis descargar un vídeo (en formato .mp4) del reciente concierto en Megaupload, pinchando en el siguiente link: www.megaupload.com/?d=R95LFRNO
. ADVERTENCIAS: la calidad es mala, la oscuridad absoluta, pero al menos no desafinamos. Aunque sea otra vez 'Te lo dije', os prometo que se cantó algo más aquel día...

domingo, 30 de noviembre de 2008

Escenarios

Cuando el pasado jueves 27 me animé a colaborar en un pequeño concierto que ofrecía David, debutando oficialmente en el mundo de los cantautores, no era muy consciente de que estaba a punto tachar uno de los apartados de la íntima lista de cosas que quería hacer en vida.

El lugar elegido fue el bar l'Ermità, en el barrio del Carmen, un acogedor bar de complicada arquitectura, el cual sólo permitía albergar a unas 40 personas en la zona propiamente de conciertos. Con la inestimable ayuda de Pablo pusimos a punto los altavoces, la mesa de mezclas, las guitarras y los micrófonos. Como aún somos humildes, y no muy famosos, nos conformamos con un taburete para sentarnos algo apretados e incómodos.

David comenzó el concierto con sus canciones. El público era, en su mayoría, amigos y conocidos suyos, al mismo tiempo que fans incondicionales. En un momento dado, entré yo a escena para acompañar a David en un par de canciones con guitarra y armónica. Y tras ello ya me quedé solo delante del toro, para hacer mi debut como cantor, más apropiado que cantautor.

Mientras intentaba que no me atacaran la ronquera y los nervios, quise contar a la gente que estaba muy agradecido e ilusionado de estar formando parte de este debut, que mi producción artística no es tan prolija como la de David, pero que sin embargo me gusta escribir sonetos, haciendo hincapié en que la poesía es un concepto mucho más amplio. Una canción puede ser poesía, unos versos, un paisaje, incluso unos ojos también.

Les conté que el cantautor de mi adolescencia había sido Ismael Serrano, a quien empecé a escuchar de muy joven. Entonces, podría ser, que aquella cinta que sonaba en un cassette, cuando yo aún no me había iniciado con la guitarra, en un lugar lejano al que no puedo volver, hubiera sido la primera piedra para que yo, muchos años después, me viese sentado en un taburete interpretando aquella canción que sonaba: "Últimamente".

Después proseguí con "Avión en tierra", de Quique González. Algo más desafinada, algo menos preparada. Toqué a continuación "Algo contigo" para que la cantara David, quien luego prosiguió con el concierto con la colaboración de Pablo poniendo voz a un par de canciones. Y al final, como todo buen concierto, un vis para cantar "Te lo dije" y "En el backstage" de Quique González.

Al terminar, llovieron las felicitaciones, en especial para el artífice del concierto. Yo estaba feliz, como feliz se está después de hacer algo por primera vez con buen resultado. Y feliz porque alguien muy importante para mí había hecho el esfuerzo de venir a verme.

Quién sabe que precederá a este pequeño punto de inflexión en la vida del cantautor y del intérprete. Algún concierto improvisado en la calle estas Navidades, alguna invitación de un local más grande... En cualquier caso, el pasado jueves, David dio un pequeño salto hacia la fama,

y yo, hacia la felicidad.

P.D.: Y por si faltaban escenarios, Quique González, al día siguiente, nos enseñó a dar un concierto en la sala Mirror.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Valencia, la playa de Madrid

Lo echaba de menos. Felipe proverbiando berracadas, Pilu golpeándose con cualquier objeto a su paso, Joan diciendo sordideces entre lo políticamente incorrecto y lo muy incorrecto, fluídos multifásicos en mi estómago, las arquitectas arquitecteando, un maño avalencianado y ríos de alcohol corriendo por nuestras venas.


Era todo un reto ejercer, con éxito y ante un público más que exigente, de guía turístico en mi propia ciudad, más y cuando, para el que más y el que menos, Valencia no era más que un surtido de clichés y prejuicios injustificados, y yo no me conozco Valencia ni la cuarta parte que Berlín. Pero la suerte y el buen clima nos acompañó, los bacalas no nos siguieron el rastro, y entre lo que estaba preparado y lo que no, disfrutamos de:


1. Una cogorza monumental el viernes, 2. Todo un hito ver a Irene borracha, 3. Un garito con hitazos ochenteros y noventeros, 4. Kamikazes con un carro de Mercadona, 5. El casquete de Joan y Felipe en la cama de matrimonio, 6. La aparición de John Cobra y Rambo por la noche, 7. La Ciudad de las Artes y las Ciencias impoluta y radiante, 8. Un idílico paseo por el río, 9. Centro histórico y Barrio del Carmen, 10. Un sórdido restaurante con decoración rimbombante, 11. Un violinista rompetímpanos, 12. Una redada a los pobres subsaharianos top-manta, 13. Horchata y fartons, porque siempre hay una primera vez, 14. El pantalón tanga de Joan y un poco de su escroto, 15. La sonrisa de chimpancé con dientes negros de Pilu, 16. Una paella en primera línea de playa, 17. La inestimable presencia de Leandre, Laura, Andrés y María, 18. Las carreras para llegar a la estación, 19. Entrañables despedidas, 20. Risas, muchas muchas risas...


Un pequeño oasis berlines en un desierto de rutina, que supe que había terminado cuando me vi subiéndome el domingo al ascensor pequeño después de 3 días. Pero de alguna manera el fin de semana deja un poso de gozo y buen karma que confío tarde en marcharse.


¡Gracias por vuestra compañía y hasta pronto!